Función de la anestesiología en la brigada Henry Reeve de México: herencia de la Revolución

Las grandes pandemias demuestran el verdadero carácter humanista de los pueblos, donde se comparten los recursos que se tienen y no lo que se sobra. Bajo este precepto una brigada del contingente cubano Henry Reeve partió hacia lo desconocido en tierras aztecas el 23 de abril de 2020 en virtud de la solidaridad que caracteriza al gran ejército de batas blancas en la mayor de las antillas.

La nueva escalada internacional de agresiones y los repetidos intentos de desacreditar nuestra obra moral no permitieron despedidas ni aplausos, pero tampoco pudieron impedir el accionar de 586 colaboradores que por tercera vez en la historia de la cooperación médica cubana laboraron en suelo mexicano.

Durante tres meses se enfrentó un escenario muy diferente a la realizad cubana, sin atención primaria ni acciones de prevención, con tasas de mortalidad de 86 %, colapso de las instituciones y falta de un protocolo de atención para los casos graves y críticos.

La anestesiología en aquellos tiempos de COVID-19 pasó a un segundo plano, se patentizaba la necesidad cada vez mayor de los cuidados intensivos y gracias a la amplitud y versatilidad de la especialidad se logró cumplir con creces ambas tareas. Gracias también al ser anestesiólogo aquella realidad cambió en los servicios de atención al grave; donde los protocolos de sedación implicaban la administración de amplias dosis de Propofol aún en condiciones hemodinámicas de inestabilidad, y 53 % de las muertes ocurrían durante la inducción de la anestesia para la intubación y la ventilación mecánica, el uso desmedido de relajantes musculares para mejorar la “mecánica ventilatoria” causó polineuropatía en 9 pacientes de las 13 altas de un total de 119 enfermos atendidos en esas unidades. La anestesia cambió esa realidad, logró diferir la ventilación invasiva, se utilizó la dexmedetomidina para la sedación y se sustituyó el Propofol por Etomidato para el abordaje de la vía respiratoria durante la inducción, además de la restructuración y reorganización de los procesos.

Tales acciones permitieron que un servicio dirigido por anestesiólogos cubanos fuera el de mejor indicadores de salud, estos fueron quienes estuvieron al frente del equipo multidisciplinario para la atención al colaborador y quienes dirigieron las acciones médicas que permitieron salvar a dos doctoras integrantes de la brigada, positivas al COVID-19 en estado crítico en los dos últimos meses y no lamentar pérdidas de vidas humanas.

Sin dudas lo de mayor admiración es la capacidad de los cubanos para hacer ciencia y superar las adversidades, no faltó la hostilidad y quien se aprovechara de la lejanía para crear asperezas e intentar apagar la candidez de nuestras convicciones, pero una vez más como dijera el apóstol, supimos andar en cuadro apretado como la plata en las raíces de los andes.

Hoy continúan en el intento de apagar nuestra luz, de desvirtuar la gran obra que hemos heredado, esa obra que nos indujo a atender a más de 40 000 pacientes y salvar 5 500 vidas, de cambiar la realidad de una nación con muchos recursos pero nunca con el sentido humanista de nuestra medicina, y es que hemos sido formado en una revolución socialista, una revolución que prioriza los intereses colectivos y al ser humano; bien lo dijo Fidel: “Nunca una nación como la nuestra realizará ataques sorpresivos ni preventivos contra ninguna nación, pero que en cambio nuestro país será capaz de enviar los médicos que se necesiten a los más oscuros rincones del mundo” y esa es y será nuestra esencia pese a cualquier agresión, porque somos una fortaleza de pensamiento, porque una revolución solo puede ser hija de la verdad y las ideas.

Historial:
  • » Recibido: 20/08/2020
  • » Aceptado: 21/08/2020
  • » Publicado : 01/10/2020

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