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Revista Cubana de Anestesiología y Reanimació;n. 2011;(2)

ARTÍCULO HISTÓ;RICO

 

Noticia histórica de la primera anestesia en Santiago de Cuba

Historical note about the first use of anesthesia in Santiago de Cuba

Carlos Rafael Fleitas Salazar

Servicio de Anestesiología y Reanimación. Hospital Provincial Docente "Saturnino Lora". Santiago de Cuba, Cuba.


RESUMEN

Introducción: el surgimiento de la práctica de la anestesia fue un hecho trascendental, ya que cambió el curso de la historia de la medicina pues junto con la hemostasia y la antisepsia marcó el inicio de la moderna cirugía. Objetivo: realizar una investigación sobre quién y cuándo se realizó la primera anestesia en Santiago de Cuba. Método: se realizó un estudio documental y bibliográfico acerca de la fecha y circunstancias en que se realizó el primer acto anestésico en la ciudad de Santiago de Cuba. Para ello se revisó la documentación del siglo XIX atesorada en el Archivo Histórico Provincial de Santiago de Cuba, así como la prensa de la época conservada en la Biblioteca Provincial Elvira Cape, en particular el periódico El Redactor. Desarrollo: se encontró que la primera anestesia fue practicada en esta ciudad en la mañana del 29 de julio de 1847. El protagonista del hecho fue el Dr. José Fernández Celis, cirujano venezolano radicado en esta ciudad. El agente empleado fue el éter y se aplicó mediante el equipo diseñado por el químico norteamericano Charles Jackson, la intervención realizada fue una amputación de dos artejos del pie derecho, no se informaron complicaciones. Conclusiones: este hecho, sucedió a tan solo nueve meses y medio de la demostración exitosa de Morton en los Estados Unidos y a cuatro meses y medio de la primera anestesia en Cuba, lo cual la sitúa entre las primeras en toda América Latina.

Palabras clave: Historia de la Anestesiología, Cuba.


ABSTRACT

Introduction: the emergence of anesthesia was a transcendental event. Together with hemostasis and antisepsis, anesthesia changed the course of medical history, marking the start of modern surgery. Objective: determine when and by whom anesthesia was first used in Santiago de Cuba. Method: a documentary and bibliographic study was conducted about the date and circumstances of the first anesthetic act in the city of Santiago de Cuba. For this purpose, a review was performed of 19th century documents kept at the Provincial Historical Archive of Santiago de Cuba, as well as the press from the period preserved at Elvira Cape Provincial Library, particularly the newspaper El Redactor. Results: it was found that the first anesthetic act performed in this city occurred in the morning of 29 July 1847. The act was conducted by Dr. José Fernández Celis, a Venezuelan surgeon settled in the city. The anesthetic agent used was ether, which was applied using a device designed by US chemist Charles Jackson. The surgery was the amputation of two knuckles from the right foot. No complications were reported. Conclusions: the event occurred only nine and a half months after Morton's successful demonstration in the United States, and four and a half months after the first use of anesthesia in Cuba, ranking the country among the first ones to use anesthesia in Latin America.

Keywords: history of anesthesiology, Cuba.


INTRODUCCIó;N

Desde los albores de la civilización el hombre pugnó por combatir el dolor, en particular el originado a partir de las extracciones dentarias y de la necesaria o a veces imprescindible incisión quirúrgica. El surgimiento de la práctica de la anestesia fue un hecho trascendental, ya que cambió el curso de la historia de la medicina pues junto con la hemostasia y la antisepsia marcó el inicio de la moderna cirugía.

En horas de la mañana del 16 de octubre de 1846, William Thomas Green Morton (1819-1868) procedió a realizar la primera práctica exitosa en público de un acto anestésico, en el Massachussets General Hospital, de Boston, Estados Unidos, valiéndose de las inspiraciones de éter sulfúrico mediante un equipo diseñado por el eminente químico Charles Jackson quien fue su profesor.1,2 Pocos meses después, el 15 de marzo de 1847, el doctor Vicente Antonio de Castro Bermúdez (1809-1869) publicó en el Diario de La Habanael primer informe oficial de la utilización de las inspiraciones de éter para realizar una operación en el Hospital de San Juan de Dios en la Habana, para evacuar un hidrocele bilateral. Esto había ocurrido el 11 de Marzo de 1847, en consecuencia fue el primero en Hispanoamérica en usar la anestesia con éter.2,3

Durante el año 1847 se fue propagando por los diversos países de América Latina la noticia del descubrimiento de la anestesia quirúrgica, así médicos de varias ciudades del continente incorporaron la aplicación del éter primero y al año siguiente del cloroformo con fines quirúrgicos aunque hubo casos en que se hizo de forma experimental con un voluntario. Los pioneros fueron después de La Habana, el Dr. Patricio Ramos en Montevideo (2 de mayo), los doctores Roberto Haddock Lobo y Domingo Marinho de Azevedo en Rio de Janeiro (20 de mayo), el Dr. José Matilde Sansores en Mérida, Yucatán (15 de junio), el Dr. Jacob Merrill Tewksbury en Buenos Aires (30 de agosto) y el Dr. José Luna en Guatemala (30 de noviembre). Con fecha no precisada la inició en Maracaibo, Venezuela, el Dr. Blas Valbuena y todavía se mantiene la controversia de si fue en 1847 o 1848 que el cirujano Dr. J. Sandoval dio un 29 de abril la primera anestesia en Perú.4,5

Con el fin de investigar cuándo se realizó la primera anestesia en la ciudad de Santiago de Cuba se realizó un estudio bibliográfico y documental en pos de establecer quién y cuándo inició este proceder. Para ello se revisaron los fondos documentales del Archivo Histórico Provincial de Santiago de Cuba y la prensa de la época en la Sala "Colección Cubana" de la Biblioteca Provincial "Elvira Cape" de esta ciudad, luego se hizo un estudio lógico histórico de los datos obtenidos.

Constituyó el objetivo de éste artículo realizar una investigación sobre quien y cuando se realizó la primera anestesia en Santiago de Cuba.

DESARROLLO

Desde finales del siglo XVIII la ciudad de Santiago de Cuba se había visto beneficiada por el auge de la economía plantacionista, así como por la migración de los colonos de la vecina Saint Domingue, quienes arribaron a la región oriental de Cuba huyendo de los problemas desatados por la Revolución de Haití. Todo esto propició un florecimiento intelectual, cultural y social de la ciudad que fue saliendo poco a poco de la ruralidad para tomar visos de modernidad, al punto de ser la primera plaza del país donde se ensayó la vacunación antivariólica, antes de que Tomás Romay la aplicase en la capital, en enero de 1804.

La Medicina fue una de las ramas más beneficiadas por el desarrollo económico social de la región. Se crearon las Juntas de Vacuna, luego la Real Junta Gubernativa de Medicina y Cirugía, y por último la Junta de Sanidad. Numerosos médicos, con mejor preparación, se fueron incorporando a la ciudad y trajeron a sus habitantes los beneficios de unas ciencias médicas que ya salían del atraso para incorporarse con la pujante química a la modernidad.6

A mediados del Siglo XIX el puerto de Santiago de Cuba era, por el volumen de sus exportaciones, uno de los primeros de la Isla, numerosos médicos provenientes de otras tierras se asentaron en la región en busca de mejor fortuna y una solvente clientela. Tal es el caso del doctor José Fernández Celis, natural de Maracaibo, Venezuela. Nació el 1º de abril de 1817, hijo del Dr. José Fernández Cruzado, cirujano del Batallón de Veteranos, natural de Cádiz (España), con Micaela de Celis, oriunda de la ciudad de Maracaibo. Sus padres emigraron a Cuba en 1829, luego de la liberación de la Capitanía General de Venezuela del colonialismo español por las tropas de Bolívar y Páez. Se asentaron en Trinidad el 25 de abril cuando José era adolescente.

Desde 1845 ubicaron su residencia en Santiago de Cuba, cuando José regresó de España graduado de médico-cirujano por la Facultad de Medicina de Cádiz, dependiente de la Universidad de Sevilla. El título expedido el 23 de agosto de 1841 fue incorporado a la Universidad de La Habana en junio de 1845.7

Se casó el 4 de octubre de 1846 con Josefa Abreu y Guevara, quien pronto murió. Luego contrajo matrimonio por poder en Cádiz con María del Carmen Guerra el 12 de septiembre de 1854. Ejerció en el Hospital Civil de Santiago de Cuba como médico cirujano tercero, fue vocal facultativo de la Junta Provincial de Sanidad, así como Subdelegado de Medicina y Cirugía de esta ciudad.8-10

En sus ratos libres se dedicó a la pintura, suyos son los óleos "San José con el niño dormido en sus brazos", obsequiado a la Iglesia Catedral santiaguera, "Cristo en la cruz", firmado en Cádiz en 1855, "San Jerónimo", entre otros.11 Como negociante tuvo éxito, fue director de la Empresa Minera "San José". Cesó en la profesión el 10 de enero de 1862, y regresó a Cádiz, ciudad natal de su padre, donde falleció el 5 de mayo de 1880.12

Este galeno, culto y emprendedor, fue quien el jueves 29 de Julio de 1847, a solo nueve meses de la primera demostración exitosa realizada por Morton en Norteamérica, practicó la primera anestesia en Santiago de Cuba. Al día siguiente envió la comunicación del acto por él protagonizado al periódico El Redactor, diario de Santiago de Cuba, el más importante periódico de la ciudad en la primera mitad del siglo XIX, propiedad de la Sociedad Económica de Amigos del País de Santiago de Cuba, donde salió publicado al día siguiente de recibida la nota, o sea el 31 de julio, dos días después de la aplicación de la anestesia.

Como se puede apreciar por el texto publicado en El Redactor, el doctor Fernández Celis había experimentado desde varios meses atrás con el éter sin resultados satisfactorios por carecer del equipamiento adecuado, hasta que recibió uno procedente de La Habana y se decidió a emplearlo en un paciente del Hospital Militar a quien se le amputaron dos falanges de la extremidad inferior derecha.

Nos llamó la atención que este médico no conocía de la existencia de Morton, y creía que había sido Jackson quien tenía el mérito de la primera anestesia. Esto no es casual, sino que estuvo motivado por la querella entablada desde aquellos años fundacionales en torno a la paternidad de la anestesia, que inició Horace Wells a principios de diciembre de 1846 cuando en carta abierta publicada en el diario Courant planteó que como se había empleado el mismo principio, le correspondía a él el honor del descubrimiento.13 No obstante, quien con más insidia reclamó la primacía fue Charles Jackson, quien gozaba de una notable reputación profesional como eminente químico y prestigioso profesor universitario, en aras de preservar su posición se mantuvo por unos días al margen de la controversia, pero ya el 29 de octubre inició una feroz campaña por lograr la primacía y patentar el descubrimiento; en definitiva todo esto produjo no solo la inminente desgracia para los tres implicados, sino grandes desconciertos en la comunidad científica de entonces a causa de las múltiples manipulaciones de la verdad. De ahí que como Jackson era el único de ellos que gozaba de personalidad de fama mundial, para muchos fuese más creíble su versión.14

Son interesantes las observaciones que hace Fernández Celis acerca de las manifestaciones clínicas del paciente anestesiado. Primero observó una tos ligera en el paciente, lo cual se puede atribuir a la irritación causada por el éter sobre las vías aéreas superiores y que es común para muchos de los líquidos halogenados volátiles hasta nuestros días. De igual manera observó un temblor en su paciente, si se admite que se trató de un breve episodio convulsivo, este pudo estar relacionado con una insuficiencia en la eliminación del bióxido de carbono por la mala técnica de administración, luego vendría la parálisis de la musculatura estriada por el bloqueo de la placa neuromuscular que el agente produce.15

Por supuesto, en época tan temprana le era imposible a este cirujano venezolano residente en Santiago de Cuba identificar las especificidades del uso del éter. Ese mismo año de 1847, fue que John Snow escribió su libro donde hizo el estudio clínico de los efectos de las inhalaciones de los vapores del éter; aún no se habían realizado los estudios definitorios acerca de la fisiología respiratoria que iniciara Claude Bernard en 1853, y no fue sino hasta las primeras décadas del siglo XX cuando previamente en 1914 Meltzer y Auer estudiaron el bloqueo de la placa motora terminal y más adelante en que Arthur Guedel estableció los signos clínicos de la anestesia, cuando se tuvo una mayor seguridad en la administración del éter sulfúrico con fines anestésicos.15-17

Sin embargo, amén de haber sido el pionero de la anestesiología santiaguera, es digno de destacar el notable espíritu científico y humanitario del Dr. José Fernández Celis, cuando salió en defensa de la aplicación de la anestesia, a lo cual dedicó casi la mitad de su artículo, donde abogaba por la individualización en la valoración de cada paciente, la juiciosa aplicación de una sustancia medicinal a partir del balance riesgo/beneficio y del adecuado conocimiento de sus efectos sobre el organismo humano.

De no aparecer la documentación que acredite la fecha exacta de la primera anestesia en Venezuela y en Perú, el primer acto anestésico en Santiago de Cuba sería el quinto en toda América Latina, precedido en orden cronológico por La Habana, Montevideo, Río de Janeiro y Mérida.

Se concluye que este hecho, es de gran orgullo para todos los cubanos, pues es un marcador del adelanto que tuvo las ciencias médicas a todo lo largo de nuestra historia.

ANEXO

(Copia textual del original)

El Redactor. Diario de Santiago de Cuba

Año 14, Núm. 2623, Pp. 2-3. Sábado 31 de julio de 1847.

Remitido,

Sr. Editor del Diario Redactor

Mi muy apreciable Sr. Amante como el que mas de la profesión que ejerzo y dispuesto a adoptar todo cuanto contribuya a su adelanto y al alivio de la humanidad doliente, después de un maduro ecsámen y esperiencia propia, me apresuro á participar á V. igualmente celoso del progreso de las ciencias, el uso que en unión de los Sres. Vazquez Garibaldo, Fornier y Celsis, estando presentes otros varios Sres., hice en la mañana de ayer de las inspiraciones del éter sulfúrico.

Deseoso de esperimentar nuevamente este medio que hará tres meses poco más ó menos que ensayé sin un aparato conveniente y sin resultado alguno, tuvo la bondad el Sr. Vázquez de ofrecerme uno que acababa de recibir de La Habana. El individuo sometido á la esperiencia fue un soldado del Regimiento de Cuba el cual padecía de una caries de la 2ª. falange del grueso artejo y de la 3ª. del pié derecho. Las tres primeras inspiraciones causaron una tos lijera: á poco que cesé esta, desapareció a los tres minutos un temblor de que estaba acometido, por temor sin duda a la operación, en la pierna derecha y á los cinco la postración e insensibilidad eran completas. Hecha la amputación por contigüidad de la falange dañada del grueso artejo, que se ejecutó en un momento, se le quitó el tubo de la boca y se le dejó descansar un rato mientras se estancaba la sangre y se le ponían algunas tiras aglutinantes. Segunda vez se le aplicó el aparato fumigatorio, á los tres minutos volvió la insensibilidad á manifestarse, y se le hizo la segunda operación sin que en una ni otra sintiese el más mínimo dolor.

En el momento en que escribo estos renglones van transcurridas veinte y cuatro horas sin que el enfermo, que está en una de las salas que tengo a mi cargo en el hospital militar, haya esperimentado novedad alguna.

Un solo hecho no basta para admitir o formar un juicio exacto de una cosa, sin embargo cuando este puede unirse á los que la multitud de profesores tanto nacionales como estranjeros han esperimentado con écsito feliz, contribuye por lo menos á la gloria del que primero la anunció el americano Jackson. Con todas las cosas este descubrimiento tiene sus críticos y sus detractores. Unos lo tachan de falible, otros de perjudicial. Creo que en operaciones de larga duracion y en individuos cuya constitución no sea a propósito, cuyo sistema nervioso sea muy fácil de conmoverse por una ligera escitacion y en los que estén predispuestos á una afección pulmonar ó cerebral, puede temerse la inspiración de una sustancia tan difusible y ecsitante, pero un facultativo inteligente sabrá los casos en que podra usarlos sin riesgo y empleará en los que pueda tener los medios que juzgue oportunos á modificar la impresión del éter. ¿Por qué un remedio no cure en algunos casos, se le desecha para todos los demás? ¿Se desecha el específico por escelencia, al medicamento más infalible, la quinina, en fin, porque deje cortar una fiebre intermitente? ¿No se sabe que este precioso medicamento tiene efectos distintos en un mismo individuo según la forma bajo que se le administra, sucediendo el que no le impida la vuelta de la accesión febril administrado en píldoras y sí administrado en disolución.

Siempre es una ventaja grande, un medio que no debe dejarse de emplear el que me ocupo, pues si de cien operaciones ahorramos crueles dolores a sesenta ó á la mitad siquiera, siempre habremos conseguido mucho.

Mi objeto al publicar esta observación no es otro que el de rendir un tributo de admiración al descubridor Jackson, que por esto solo merece el aprecio de los profesores de la ciencia médica y la gratitud de la humanidad doliente.

Sírvase V., Sr. Redactor, insertar estos renglones en su apreciable periódico, favor que apreciará su más atento S.S.Q.B.S.M.

Dr. J. Fernández Celis.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Larson MD. Historia de la anestesia. En: Miller RD [Ed.]. Miller’s anesthesia. Sexta edición. Madrid: Elsevier España, SA. 2005. pp. 3-52.

2. Fleitas Salazar CR, Saínz Cabrera H. Historia de la anestesia. En: Dávila E. y cols, Anestesiología clínica. Segunda edición. La Habana: Editorial de Ciencias Médicas. 2013. pp. 1-16.

3. López Sánchez J. Historia y evolución del uso de la anestesia quirúrgica en Cuba. En: Ciencia y Medicina: Historia de la Medicina. La Habana: Editorial Científico-Técnica. 1986. pp. 192-226.

4. Aldrete JA. Contribuciones hispanoamericanas a la anestesiología. Médico Interamericano, Washington 1997;16(7):396-8,401-2,404.

5. Venturini AH. Historia de la anestesia en Sudamérica. 2010. [En línea]. Consultado 15/7/2013. URL disponible en: http://www.sld.cu/sitios/anestesiologia/temas.php?idv=30508

6. Fleitas CR. Medicina y sanidad en la historia de Santiago de Cuba (1515-1898). Santiago de Cuba: Ediciones Santiago. 2003. pp. 18-20.

7. Archivo Central de la Universidad de La Habana. Expediente antiguo 4.340.

8. Archivo Histórico Provincial de Santiago de Cuba. Matrícula de Industria, Comercios, Arte y Oficios 1860 y 1862.

9. Archivo Nacional de Cuba. Fondo Junta Superior de Sanidad, Leg. 35.

10. Guía de Forasteros de la Isla de Cuba. La Habana: Impr. de la Capitanía General. 1853. pp. 248.

11. Bacardí E. Crónicas de Santiago de Cuba. Barcelona: Tipografía de Carbonell y Esteva, 1909. Tomo II. pp. 287.

12. Fuentes Matons L. Las artes en Santiago de Cuba. La Habana: Editorial Letras Cubanas 1981:94,202-3,329.

13. Füllop-Miller R. El triunfo sobre el dolor: Historia de la anestesia. Segunda edición. Buenos Aires: Editorial Losada, SA. 1943. pp. 197.

14. Füllop-Miller R. El triunfo sobre el dolor: Historia de la anestesia. Segunda edición. Buenos Aires: Editorial Losada, SA. 1943. pp. 211-39.

15. Collins VJ. Anestesiología. Tomo 2. La Habana: Editorial Científico-Técnica. 1985. pp. 905-10.

16. Papp D. Claude Bernard. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, S.A., 1968. pp. 117.

17. Collins VJ. Anestesiología. Tomo 1. La Habana: Editorial Científico-Técnica. 1985. pp. 191.

Recibido: 8 de enero de 2014.
Modificado: 10 de enero de 2014.
Aprobado: 9 de febrero de 2014.

Carlos Rafael Fleitas Salazar. Hospital Provincial Clínico-quirúrgico Docente "Saturnino Lora", Santiago de Cuba. E-mail: carlos.rafael@medired.scu.sld.cu

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